El ponche, la limonada, el chocolate a la taza y otras bebidas típicas tienen dos y hasta tres «pasaportes» distintos. Varios países reclaman su paternidad mientras los historiadores encuentran a veces serias dificultades para determinar su origen exacto.
Sin duda el caso menos discutido es el del chocolate caliente o a la taza, que los franceses llaman chocolat chaud. La referencia no es gratuita, pues la versión gala difiere de la española en varios aspectos: es más ligera y posee un marcado sabor a vainilla. La variante suiza, por su parte, corona cada taza con un «sombrero» de nata montada.
Aunque a María Antonieta y el resto de la corte de Versalles les apasionaba esta bebida, novedosa para la época, sus raíces han podido rastrearse en el Monasterio de Piedra en Calatayud, Zaragoza. Desde aquí se expandió a Francia y otros países europeos.
La cuna del ponche navideño es más incierta. En México está muy extendido y se consume desde los tiempos de la Conquista. Ciertamente, fue introducido por manos españolas, pero sus creadores legítimos fueron los hindúes (de hecho, su nombre proviene del sánscrito pañc). No obstante, su identidad moderna no está tan clara. Una cosa es segura: el ponche de huevo o eggnog sí es propiedad exclusiva de los anglosajones.
Por su parte, la limonada contiene jugo de limón en todas sus versiones, pero se sirve con gas en el Reino Unido y Australia. Los brasileños preparan una limonada suiça que combina leche condensada, hielo y licuado de limón. Se acepta, sin embargo, que las primeras limonadas se elaboraron en el Antiguo Egipto.
La existencia de múltiples versiones de una misma bebida no es anómalo, pero sorprende lo diferentes que son las horchatas americanas frente a las españolas. Y es que en México y Honduras, este preparado de chufas, agua y azúcar —que es la receta valenciana— sustituye el tubérculo de la planta Cyperus esculentus por el arroz blanco y el fruto del morro, respectivamente.
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